viernes, 1 de abril de 2016

Continúan las Prácticas de QI GONG



martes 9 a 10.30hs / jueves 19 a 20.30hs
cerca del Cid Campeador



En Qi Gong, el movimiento es lento, por lo general: se repliega y se distiende, sube y baja, todo ello en una especie de coreografía a cámara lenta. Las rodillas no se tensan y bloquean, sino que se flexionan elásticamente, plegándolas cuando el cuerpo desciende y estirándolas al compás de los movimientos ascendentes. Del mismo modo se doblan y estiran los brazos y las manos.
Quien contempla un ejercicio de Qi Gong debe tener la impresión de que el practicante está vadeando un brazo de mar o se mueve en el fondo del agua, a cámara lenta o, en ocasiones, como si tuviera todo el cuerpo en estado de ingravidez, como un astronauta.
También el adepto tiene esa impresión, debido a la suavidad de los gestos y a la soltura con que uno se mueve. Sin embargo, moverse con soltura no significa relajarse con flojera, fundirse blandamente ni gesticular de cualquier manera hasta dar con el cuerpo en el suelo como un saco. Hay que mantener un cierto equilibrio, un respecto a la verticalidad del eje corporal, a las raíces de la tierra y la soberanía del cielo. El practicante tiene cierta sensación de dignidad, de majestad, y al mismo tiempo un sentimiento de presencia corporal, de estar ocupando un espacio y un tiempo bien determinados.
Tiene su justificación el practicar los movimientos de esta manera, el cuerpo flexible pero firme, como preparado para rechazar en cualquier momento el asalto de un adversario. En el estado de imaginaria ingravidez, de agilidad, el organismo se prepara en cierto modo para abrirse y quedar más disponible, en busca de la fluidez y la permeabilidad que le permitirán dar entrada y salida a las energías del cielo, de la tierra y del cosmos.
 
 "La gimnasia de la eterna juventud. Guía fácil de Qi Gong. El arte de desarrollar nuestra energía vital." 
de Yves Réquéna. Ed. Robin Book


no se requiere experiencia previa
cualquier consulta no duden en escribir

se agradece la difusión!




EL OTOÑO


Después de la exuberancia de la estación cálida y el apogeo del gran Yang, el movimiento de expansión ha alcanzado su máximo de apertura. Es tiempo de recentrarse sobre el interior. Este momento es acompañado de un estrechamiento tan inevitable como indispensable. El crecimiento debe cesar para favorecer el retorno de la energía hacia el interior.

El otoño llega con su energía de Metal, anunciador de cambio y caracterizado por sus cualidades de purificación, eliminación, incluso de reforma. Con el Metal, el hombre corta, decide para asegurar su supervivencia. Es el tiempo de la cosecha. El otoño aporta las primeras heladas que purifican la naturaleza. Está asociado al oeste, al sol que se acuesta, y al color blanco de las primeras heladas y las nieves eternas.

Después de la despreocupación del verano, bienvenidos al rigor. Serenamente. Bajo esta condición, la severidad que se impone no es transforma en brutalidad. El Metal demasiado duro daña.
El retorno es implacable y necesario, debe hacerse en confianza y sin violencia. El retorno de la savia hacia el interior de la planta hace secar las hojas, lo que ya no es necesario cae. La naturaleza ha decidido.
El órgano asociado al otoño es el Pulmón.
El Pulmón asegura, en lo alto del cuerpo, como la montaña nevada. La pureza indispensable para la vida. Por el mecanismo de la respiración, asimila el aire puro y aspira la quintaesencia de los vapores que ascienden a través del sistema digestivo además de hidratar la piel.

Cuando los Pulmones funcionan normalmente, cuando la energía es fuerte y bien distribuida en el cuerpo, los mecanismos siguientes son asegurados:
  • La inspiración de aire puro y la evacuación de la energía turbia son naturales, nuestra respiración es armoniosa.
  • La energía respiratoria se asocia a la energía de los alimentos para hacer circular la energía, los líquidos orgánicos y la sangre. A través del metabolismo de líquidos y fluidos el tórax es protegido de la acumulación y producción de mucosidad.
  • Nuestra piel es firme.
  • La energía de nuestros pulmones es capaz de difundir la energía defensiva dándonos la fuerza de resistir las agresiones externas.

Se sorprenden de enterarse de que dicha energía defensiva proviene esencialmente de las esencias sutiles de los alimentos?

Gracias a nuestra alimentación, nuestra energía defensiva se desarrolla. Gracias a la energía de los Pulmones, es distribuida. Esta energía preciosa se encarga de proteger, regular y calentar el organismo. La difusión de esta energía defensiva le da a los músculos su solidez natural, y a la piel su elasticidad.

La sequedad es lo que más perjudica a los Pulmones. Como las nieves sobre las cimas de las montañas humedecen el planeta, los líquidos de los Pulmones humedecen el cuerpo y las secreciones nasales humedecen las narinas. De ahí porqué fumar es dañino para este órgano. Hace derretir la nieve que refresca y lubrica, como la contaminación del planeta hace derretir las nieves eternas de las cimas de nuestras montañas más altas. Los Pulmones son el órgano más alto de nuestro organismo, como un primer ministro que obra a los costados del Corazón soberano. Son las montañas de nuestro paisaje corporal.

El verano ha terminado, la expansión debe tener fin. Este momento se acompaña generalmente de tristeza y melancolía. Estos sentimientos están completamente en su lugar en esta estación, si no se prolongan y no son abrumadores. Si la ansiedad delante de lo desconocido se transforma en aflicción, la energía de los Pulmones se debilita pues es consumida permanentemente.

Cuando los Pulmones reciben la energía necesaria para asegurar sus funciones, nuestra mentalidad es afilada como un cuchillo, nuestro sentido de lo que es justo y esencial tiene lugar. Los Pulmones nutren nuestro instinto de conservación. Si sobreviene una tendencia a caer en agujeros negros, a repetir obsesiones de cara a las variables del futuro que deviene en generar angustia, un vacío se hace sentir. El Metal ligado a esta estación se encuentra mal y nuestras decisiones son ya sea demasiado blandas, ya sea demasiado brutales. Ya sea que no cortamos y permitimos cargar con las cosas que deberíamos interrumpir, ya sea que nos falta el término medio y nos volvemos duros y secos, sobre todo con nosotros mismos.

El sabor asignado a los Pulmones es el picante. Su primera indicación terapéutica es la de hacer circular. Los Pulmones, maestros del Qi, el lugar de reunión de los vasos sanguíneos en el cuerpo, ayudan al corazón a hacer circular la sangre.


Y nosotros, podemos ayudarlos con una buena alimentación que asegure la libre circulación, lubricación y fuerza de resistencia para la estación por venir.


Fragmento de "El pequeño vientre feliz", de  Isabella M. Obrist

lunes, 11 de enero de 2016

Durante ENERO continuamos con la práctica de
QI GONG
martes 9 a 10.30hs
jueves 19 a 20.30hs

cerquita del Cid Campeador
cualquier consulta no duden en escribir!





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En Qi Gong, el movimiento es lento, por lo general: se repliega y se distiende, sube y baja, todo ello en una especie de coreografía a cámara lenta. Las rodillas no se tensan y bloquean, sino que se flexionan elásticamente, plegándolas cuando el cuerpo desciende y estirándolas al compás de los movimientos ascendentes. Del mismo modo se doblan y estiran los brazos y las manos.
Quien contempla un ejercicio de Qi Gong debe tener la impresión de que el practicante está vadeando un brazo de mar o se mueve en el fondo del agua, a cámara lenta o, en ocasiones, como si tuviera todo el cuerpo en estado de ingravidez, como un astronauta.
También el adepto tiene esa impresión, debido a la suavidad de los gestos y a la soltura con que uno se mueve. Sin embargo, moverse con soltura no significa relajarse con flojera, fundirse blandamente ni gesticular de cualquier manera hasta dar con el cuerpo en el suelo como un saco. Hay que mantener un cierto equilibrio, un respecto a la verticalidad del eje corporal, a las raíces de la tierra y la soberanía del cielo. El practicante tiene cierta sensación de dignidad, de majestad, y al mismo tiempo un sentimiento de presencia corporal, de estar ocupando un espacio y un tiempo bien determinados.
Tiene su justificación el practicar los movimientos de esta manera, el cuerpo flexible pero firme, como preparado para rechazar en cualquier momento el asalto de un adversario. En el estado de imaginaria ingravidez, de agilidad, el organismo se prepara en cierto modo para abrirse y quedar más disponible, en busca de la fluidez y la permeabilidad que le permitirán dar entrada y salida a las energías del cielo, de la tierra y del cosmos.

"La gimnasia de la eterna juventud. Guía fácil de Qi Gong. El arte de desarrollar nuestra energía vital." de Yves Réquéna. Ed. Robin Book

viernes, 8 de enero de 2016


VERANO

“Cuando el amo es lúcido, los servidores están en calma.
Cuando el amo no es lúcido, los doce órganos están en peligro.”



El verano es el momento más yang del año. El apogeo. El sur. Reino del sol. Las frutas del verano, como las cerezas, están maduras, hace calor, la naturaleza está en plena expansión.
En la vida del ser humano, es el momento en que recogen los “frutos” del trabajo. La madurez. El momento del brillo, la distinción, el discernimiento. La plenitud.

En el plano de las emociones, la alegría ilustra el “Fuego armonioso”. El resplandor particular de la alegría de reir. El Fuego irradia, enciende, apasiona, calienta. El aspecto psicológico del Corazón se llama “Shen”. Una persona con una energía del Fuego armoniosa irradia también. Goza de la expansión de su energía vital. Su Shen está enraizado, no se enciende en llamas hacia lo alto. Este Shen representa la “inteligencia del Corazón” que se manifiesta por un espíritu claro y por una comprensión de la profundidad propia de la vida. El Shen aclara el camino hacia adelante y agudiza el discernimiento justo. El esplendor franquea los obstáculos y se impone.

En nuestro cuerpo, el Corazón representa el Fuego y ejerce el cargo de Emperador. Como un soberano que domina la inteligencia del conjunto del cuerpo, rige la sangre y los trayectos de la Energía. La Energía del Corazón propulsa en efecto la sangre a través de los vasos asegurando el transporte de sustancias nutritivas. Es quien propaga el Fuego y la vida. Es quien nos da el gusto de vivir. Bajo la influencia del Corazón, las sustancias sutiles de los alimentos se transforman en sangre y toman el color rojo del Fuego.

Su expresión se encuentra entonces naturalmente a nivel de la lengua. Ella es denominada el “brote del Corazón”. Ella nos da el sabor de los alimentos y de la vida.

El tiempo constituye un aspecto importante del elemento Fuego. Cuando el tiempo, o la falta de tiempo, deviene primordial, el emperador de los Órganos, el Corazón, sufre. Cuando el emperador está “en su elemento”, la autoridad se impone naturalmente. El Fuego es el líder que muestra el camino.

El organismo todo tiene la necesidad de una dirección centralizada por el Corazón. El Corazón ejerce un control sobre las actividades vitales del organismo. Y también sobre el espíritu. El Shen armonioso se ve en la tez, se encauza en la mirada, en la intuición, el entusiasmo, la compasión, la pasión y, ya que hablamos del Corazón, en los sentimientos amorosos.
Cuando las funciones del Corazón son normales, la pulsación cardíaca es regular, el pulso vigoroso, la tez de la cara rosada y lustrosa. Los poros de la piel de abren y regulan la temperatura por la transpiración.

La lengua realiza la distinción de los sabores.

Por el contrario, el deseo de tener más, la tendencia a reir exageradamente, la búsqueda de diversión y distracción permanente expresan un desequilibrio. La influencia del mundo exterior se vuelve desmesurada. El emperador, el Corazón, no está centrado y pierde el control de su territorio. Se producen perturbaciones, excitación mental, insomnio, abatimiento y apatía.

Un desajuste del Corazón lleva a una perturbación de las actividades funcionales de los otros sistemas orgánicos. Como afirma el dicho, “cuando el amo está lúcido, los servidores están en calma, cuando el amo no está lúcido, los doce órganos están en peligro”. Nuestras actividades mentales, nuestra armonía psíquica, nuestra visión del mundo exterior y nuestra manera de reaccionar dependen estrictamente de nuestra alimentación.
Todo deseo es expresión del Corazón. Deseos equilibrados, mesurados representan la armonía de la energía del soberano.

Una buena alimentación produce la dicha del Corazón.

El calor de la estación requiere un equilibrio entre alimentos de estación de naturaleza fría o fresca.  Es el momento del año en donde la cocción es extremadamente corta. Las ensaladas pueden repetirse en la mesa en cantidad mesurada. Durante el verano, la alimentación debe hidratar el organismo, y no enfriarlo. Las bebidas frías, los helados, los cubitos de hielo enfrían el fuego digestivo y ralentan la digestión. Nuestro organismo debe proporcionar una energía suplementaria para recalentar el cuenco digestivo y digerir todo ese frío. Debemos saber degustarlos con moderación. La calidad más que la cantidad.

Durante esta estación, el sabor privilegiado es el sabor amargo, quien ayuda a dirigir el calor hacia abajo. Como el órgano emperador le teme al calor en exceso, es conveniente eliminarlo por vías naturales. El sabor amargo protege al Corazón.

Como el Fuego controla el Metal, es aconsejable prestar atención también a los Pulmones durante el verano. Sequedad y calor los vuelven defectuosos. Un buen equilibrio entre alimentos refrescantes, fríos y picantes contribuye a una circulación fluida y abre los poros para favorecer la transpiración. Las especias son igualmente recomendadas en verano ya que favorecen una buena digestión y una autoregulación del cuerpo.

El elemento Fuego nos da nuestro brillo individual. Nuestro Corazón hace de nosotrxs individuxs únicxs. 


Es con un Corazón colmado de dicha que les invito a degustar los sabores de esta estación alegre. Cuando el Corazón está bien nutrido, la energía se relaja y circula. Como dice Saint-Exupéry, “no vemos bien sino con el Corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.


Extraìdo de "El pequeño vientre feliz", de Isabella M. Obrist